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Experiencia en el subte porteño: cómo se sienten las bombas en una escuela de Siria

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Junto a los lustrabotas, frente a una pequeña cerrajería y a metros de un local de deportes, un espacio de la Galería Sur del subte porteño fue acondicionado como si se tratara de un aula. Podría ser la de una escuela porteña o de cualquiera en el mundo.

En este caso, a través de una experiencia sonora, Amnistía Internacional propone imaginar cuáles son los sonidos en una escuela de un país en el que no existen los conflictos bélicos, y otra en la que las guerras y la barbarie se apoderaron de todo. Por un lado, las voces de niños y maestros en armonía; por el otro los sonidos del horror, bombas, ametralladoras y gritos en una escuela de Siria.

La instalación nació a partir de la historia verdadera de la familia Alftih: Mohammed y Randa vivían en Aleppo, junto a sus cuatro hijos, Sham, Ghaith, Omar y Kareem. Según cuentan desde Amnistía, cuando en 2011 estalló la guerra en Siria, su empresa fue confiscada (tenía una industria de estampado de telas) y la violencia llegó incluso a las escuelas. Cerca de la casa de los Alftih un bombardeo destruyó una escuela, mientras los chicos participaban de una muestra de dibujos; murieron 20 personas y fue el momento en el que la familia decidió emigrar. Huyeron primero a la capital Damasco, y de ahí cruzaron la frontera hacia Líbano. Luego una sobrina de Mohammed residente en Canadá los ayudó a llegar a ese país. Viven en Peterborough (Ontario), en donde tienen un restaurante de comida tradicional siria.

Claro que ésta es una historia con final feliz. Sin embargo, no todas las familias logran insertarse. Aunque Argentina posee un programa de ayuda a refugiados sirios, éste no estaría dando los resultados esperados: “Se puso en marcha en 2015, durante el gobierno anterior, y con el cambio de administración se ratificó. Pero de las miles de familias que se esperaban recibir, sólo llegaron 300. Básicamente porque es necesario que el Estado ayude en la reinserción de los niños en las escuelas y de los adultos a nivel laboral. Si no reciben contención terminan imposibilitados de adaptarse, ya que vienen de culturas muy diferentes”, explicaron en Amnistía.

En el primer día de esta muestra interactiva -que permanecerá hasta el 24 de noviembre- estuvo presenta la mujer que grabó las voces del audio en árabe: Dalal Khadour, nacida en la ciudad costera de Tartus, frente al Mar Mediterráneo, hace 53 años. Vive en Buenos Aires desde hace 29 y está casada con un argentino, descendiente de sirios. Tienen una hija y es maestra en la escuela Omar Bin Al Jattab, del Centro Islámico de la República Argentina. “Mi marido viajó a Siria en 2010 y volvió encantado. Se sintió como en el paraíso. Lamentablemente un año después todo cambió. Yo no viví la guerra en mi país, pero de alguna manera todos estamos afectados, porque algún familiar o algún vecino ha muerto o ha sido herido en esta terrible guerra”, contó a Clarín. Al poner la voz en esta instalación, Dalal sintió toda la tristeza y la impotencia de lo que sucede en su país de origen: “Todo fue muy emotivo. Sentí que estaba otra vez en Siria. Me tuve que tomar mi tiempo para hacerlo, fue movilizante”, dijo Dalal.

La instalación tiene dos partes: en la primera se puede escuchar el audio de risas y voces en español, y en la segunda, las voces en árabe y luego todo el horror que genera el sonido de las detonaciones.

Pero Dalal es importante dar a conocer el mensaje, para que todos se enteren de lo que sucede allí. También para Amnistía Internacional: “Hay 22,5 millones de refugiados en el mundo, la mitad son niños. Después de la Segunda Guerra Mundial, es la peor tragedia humanitaria y tenemos que hacerla visible. En Myanmar, en estos momentos, está ocurriendo una limpieza étnica. Son temas que es necesario difundir”, expresaron.

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