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Grúas polémicas: denuncian que levantan autos que no están en infracción

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En la Ciudad hay 34 calles y avenidas sobre las que el ojo fiscalizador del tránsito, ese que vela por la convivencia vial y el debido uso de las normas de circulación y estacionamiento, peca de recaudatorio. Son aquellas por las que a diario desfilan las grúas del sistema de acarreo porteño a la caza de infractores, que a veces resultan no serlo.

Este servicio, que funciona desde 2001 con un contrato vencidoy prorrogado, siempre fue cuestionado por el accionar de sus choferes. A ellos se los señala como el primer eslabón de una práctica con fines económicos por sobre cualquier otro objetivo.

Llevarse coches bien estacionados es un reclamo repetido en las playas de acarreo, donde hay que abonar $750 para retirar el auto, o frente al controlador fiscal cuando se va a “pelear” la multa. “La primera vez fue en Guido al 2400, estaba a más de un metro de un contenedor, y hace un par de semanas en Gelly y Obes y Guido, donde acababan de repintar las zonas amarillas y era clarísimo que estaba bien estacionado”, comienza su odisea Marcela, vecina de Recoleta.

Y sigue: “Según nos comentó un compañero que los denominó los “robacoches”, tienen que alcanzar un número de acarreos diario y levantan también autos aunque están bien estacionados”.

Esta ubicación es muy próxima a una de las tres playas de acarreo que hay en la Ciudad, la de Eduardo Couture y Bibiloni, operada por la empresa Dakota-STO, donde en días hábiles ingresa un auto cada cinco minutos. Como solo cuentan con 15 grúas en servicio, resulta sencillo descifrar el radio de rastreo, muy acotado a las cercanías con la base.

Otras 16 operan bajo la órbita de BRD-SEC, en la zona sur de la Ciudad, que acopia los vehículos remolcados en dos playas: una subterránea en avenida 9 de Julio y Sarmiento, a la que arriba un auto cada cuatro minutos, y otra en Tacuarí al 1700, donde sube a uno cada seis.

“Es la capacidad diaria operativa. Entre ambas empresas están levantando entre 10 y 11 mil autos por mes. Es un número que se mantiene constante”, responden desde la Secretaría de Transporte de la Ciudad, desestimando la idea de un acarreo compulsivo.

Estos números se traducen en $ 8.250.000 mensuales, de los cuales sólo deben separar $ 55 mil para el Estado porteño en concepto de canon. Eso, sin calcular los gastos de personal e infraestructura para que funcionen, que corren por cuenta del Gobierno.

 

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