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Peligro al volante: 4 de cada 10 jóvenes dicen que si toman “poco” pueden manejar

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En la Ciudad, la mayoría de los que beben y después conducen son jóvenes. También son ellos quienes en mayor medida creen que, si toman “poco” alcohol, pueden manejar. Así lo revela una encuesta hecha por el Observatorio de Seguridad Vial del Gobierno porteño entre residentes de toda el área metropolitana.

De acuerdo a este sondeo, los hombres de entre 18 y 35 años conforman el grupo donde hay más casos de conducción con alcohol en sangre. Además, un tercio de los que manejan afirma que, si bebe “poco”, está en condiciones de pilotear un vehículo, creencia que aumenta a cuatro de cada diez cuando se trata de hombres jóvenes.

Los números preocupan, pero no sorprenden. Según un informe reciente de la Defensoría del Pueblo porteña sobre la base de registros policiales, la mayoría de los muertos por siniestros viales en la Ciudad tiene menos de 35 años. Esto se da en un país en el que el alcohol al volante es una de las principales causas de tragedias viales. Y en una ciudad en la que, cada dos horas, a un conductor de auto le da positivo un control de alcoholemia, según datos del informe del Observatorio.

Desde la Federación Internacional del Automóvil para Latinoamérica (FIA) creen que el hecho mismo de ser jóvenes favorece estas conductas. “Por su edad, tienen más reflejos y entonces suelen minimizar los riesgos”, remarca Pablo Azorin, jefe de seguridad vial de la organización. Para él, este problema se registra especialmente entre los hombres porque “las mujeres muestran más apego a la ley. Los varones, en cambio, son más audaces a la hora de hacer maniobras”. Según el informe del Observatorio, en el último mes ellos reconocieron dos veces más que las mujeres que habían conducido después de tomar.

“Poco” es un término subjetivo. El máximo de alcohol permitido para conducir un auto particular en la Ciudad es 0,5 gramo por litro en sangre. Y 0,2 para una moto. Pero no todos están de acuerdo. De hecho, la Defensoría del Pueblo presentó un proyecto de “tolerancia 0”.

Para Federico Conditi, director de Transporte y Telecomunicaciones de la Defensoría, detrás del problema hay una cuestión cultural. “Acá se asume que el consumo de alcohol impacta distinto en cada cuerpo y eso es usado como excusa para tomar. Pero es imposible medir cómo impacta realmente”, explica. Y aclara: “En cualquier caso, siempre beber disminuye los reflejos”.

Fabián Pons, al frente de OVILAM (Observatorio Vial Latinoamericano), cree que “muchos jóvenes toman alcohol sin comer, entonces les pega más, o se creen inmortales, piensan que a ellos no les va a pasar nada”.

El informe del Observatorio arroja otros datos igual de preocupantes. En los últimos 30 días, el 15% de los conductores de la Ciudad y el GBA admitió haber manejado por las calles porteñas después de tomar alcohol. Y un porcentaje similar de quienes viven en el área metropolitana declaró que en el último año subió a un auto cuyo chofer había bebido.

Pero, como todo, siempre hay contradicciones. El 96,9% de losencuestados está de acuerdo con que beber y conducir es una conducta que aumenta el riesgo de accidentes. Y nueve de cada diez consideran que los controles de alcoholemia son importantes y están de acuerdo en que se apliquen multas más severas a quienes manejan después de tomar. En pocas palabras, apoyan las sanciones para hacer cumplir una ley que en muchos casos ellos mismos no respetan.

Para Pons, aumentar la concientización es clave: “Cuesta muchísimo que entiendan que el alcohol te afecta por más que bebas poco. Es por eso que hay que reforzar la toma de conciencia sobre la importancia de la figura del conductor designado”. Otro aspecto fundamental es la ley. “Nos está faltando una legislación nacional que considere delito conducir con más de un gramo de alcohol por litro de sangre, más allá de que haya siniestro o no. Y que los jueces hagan cumplir las normas de forma rigurosa”, sostiene.

En ese sentido, la aplicación de la ley en casos de muertes por siniestros viales es dispar. En diciembre, Gustavo Cusato (34), que borracho mató a dos jóvenes en Panamericana, fue condenado a 12 años de prisión. Pero en noviembre, Juan Manuel Sánchez Villar (34), que causó el accidente en el que murió un nene de 3 años, quedó libre. Y en enero del año pasado, Tomás Núñez Aboy (28) tenía 2,18 gramos de alcohol en sangre cuando mató al volante a una docente en Vicente López, pero fue detenido recién ocho meses después y espera juicio con prisión domiciliaria.

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